Hermanos.
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? …
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?…
Pero en todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Rm 8, 31-39
Acrecienta, Señor, mi fe. Creo en tu amor. Confío en él. En el que tú nos tienes, con el que tú me amas aun cuando el mío sea tan frágil, inconstante e incoherente. Reconozco tu fidelidad en el rostro de tu Cristo y, mirando su cruz, sé que la aflicción, la angustia, la persecución no son signos de maldición ni de que esté dejado de tu mano.
Creo, confío, reconozco, sé y, al mismo tiempo, experimento turbación, desconcierto, desilusión…Miro el universo y ya no hablo, como Pablo y su generación, de principados ni de potencias ni de alturas o profundidades. Navego por la inmensidad de galaxias y, ante su incontable grandeza, siento el vértigo de la ridícula pequeñez de nuestra tierra. Conozco este pequeño planeta nuestro, su edad millonaria y su evolución. Me asombra su historia y su variedad: de paisajes y formas de vida y, sobre todo, de gentes. Y la pregunta del salmo ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?, me sigue invitando a la contemplación y a la sencillez pero, al mismo tiempo, se vuelve tentadora: este que yo soy en su inimaginable pequeñez ¿soy destinado, amado, llamado por mi nombre, acogido e invitado a una plenitud mayor que el universo? Aumenta, Señor, mi fe.
Y dale fortaleza. Porque ante la inmensidad del universo aprendo a hacer silencio, a contemplar y a dejarme querer. Pero me desborda la estupidez de tus criaturas. No por su pequeñez o insignificancia sino por su inmensa estupidez capaz de destruir tu obra. Por su criminal afán de poseer y de dominar. Por su incapacidad de compasión, de solidaridad, de amor. Por su habilidad para dañar, expoliar y explotar al pequeño. ¿Qué es el ser humano para que te acuerdes de él?
No vencemos fácilmente, Señor. Marán atá. Ven, Señor nuestro.
P. Fernando Ibáñez
- Milly: Me parece muy bien exelente, una nueva forma de ev...
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Soy licenciado en Teología por la Universidad Pontíficia de Salamanca. Elaboré la tesis sobre “la individualidad y la trascendencia en Gabriel Marcel”. El 3 febrero de 1995 fui ordenado obispo en San Pedro Sula, Honduras.
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Si estamos con Cristo Jesùs, quien contra nosotros nuestra esperanza y fè de que los que enfrentamos los hondureños en esta crisis pase pronto. Dios con Nosotros