El domingo día 22 regresaban los seminaristas al seminario interdiocesano Nuestra Señora de Suyapa y se incorporaban por primera vez los que van a iniciar el curso propedéutico o introductorio. En el seminario menor Santiago Apóstol de la diócesis de San Pedro Sula se están preparando las personas, las programaciones y los locales para recibir a los jóvenes que van a ingresar a comienzos de febrero y para acompañar a quienes desean llevar un proceso de discernimiento vocacional en sus familias y en sus parroquias.
Nuestra diócesis considera la pastoral vocacional como prioridad porque el número de fieles por sacerdote es muy alto y porque de la totalidad de sacerdotes que realizan su ministerio en nuestra iglesia local sólo una cuarta parte son sacerdotes diocesanos hondureños. Ciertamente que estamos realizando un trabajo importante y vamos cosechando buenos frutos. Hay siete seminaristas que han terminado la teología y están en las parroquias realizando el bienio de práctica pastoral. Contamos con 24 jóvenes en el seminario mayor. Nueve jóvenes pasan a formar parte de la nueva diócesis de La Ceiba. Esperamos quince candidatos para el seminario menor y una treintena en el año de discernimiento para un posible ingreso en el 2013.
Pero no podemos quedarnos tranquilos. Las palabras del Señor “la mies es mucha y los trabajadores pocos” son una realidad dolorosa entre nosotros, deben resonar en nuestra conciencia y suscitar una pastoral vocacional entusiasta, global y organizada. Dios quiere contar con nuestra mediación para seguir llamando y acompañando el proceso de discernimiento y formación vocacional.
En el catecismo de Astete y Vilariño que yo me aprendí de memoria en la escuela y en la catequesis de mi pueblo, se formulaba esta pregunta: “¿eres cristiano?” y respondía: “soy cristiano por la gracia de Dios”.
Sí, soy cristiano por la gracia de Dios que actuó directamente en mi espíritu y que actuó también en las mediaciones humanas. Soy cristiano porque mis padres me llevaron a bautizar; me enseñaron a rezar. Porque Don Virgilio, el párroco, me bautizó, me dio la primera comunión, me enseñó el catecismo. Y así podría seguir con una lista de personas sin las cuales no sería el cristiano que soy.
De la misma manera puedo decir que soy religioso y sacerdote “por la gracia de Dios” que tocó mi corazón y por la gracia de Dios en el P. Marciano que me llevó al seminario claretiano a los 14 años, terminada la escuela, por el P. Gregorio, el P. José Luis, los compañeros Fernando, Basilio, etc. Es decir, Dios me ha llamado y acompañado por medio de determinadas personas.
La llamada de Dios en Jesús el Señor se hace humana a través de la mediación de muchas personas. A través de ti y de mí. ¿Cómo? Por la oración, el testimonio, la propuesta clara y respetuosa, el acompañamiento solicito y, en muchos casos, por la participación directa y organizada en la pastoral vocacional de la parroquia y de la diócesis.
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Soy licenciado en Teología por la Universidad Pontíficia de Salamanca. Elaboré la tesis sobre “la individualidad y la trascendencia en Gabriel Marcel”. El 3 febrero de 1995 fui ordenado obispo en San Pedro Sula, Honduras.
Últimos comentarios

gracias Msr. por su incansable trabajo pastoral, continue unificando los criterios y la diosesis en cuanto a la administracion de los sacramentos, las organisasiones parroquiales y las formaciones pastorales.
Encuentro envidiable la actitud de aquellos padres y formadores de los años 50, que sabían trasladar a los hijos
valores envidiables en este mundo materialista de hoy. Que bonito rendir homenaje (no se lo creerían) a todas aquellas queridas personas, Don Virgilio, P. Marciano, P. Gregorio, etc, que un día entronizaron a Monseñor en el camino de Dios, hacia la auténtica verdad.
Yo, les envidio como padre que soy, de no estar a la altura de las circunstancias, respecto a mis hijos. Qué alegría más grande sería para mí tener un hijo sacerdote…pero el hombre propone y al final, Dios dispone.
¡ Ánimo, a esos jóvenes que se incorporan al seminario!
Saludos. Jesus