He platicado con una persona que pasaba por una situación de desaliento y decepción. Las palabras de felicitación que nos decimos al comenzar el año y los buenos deseos que expresamos tenían en ella el efecto contrario, acentuaban su desaliento y le añadían un tono de irritación y de enojo.
Sin duda que ustedes se han encontrado con personas que irradian optimismo, derrochan alegría, contagian las ganas de vivir. Pero también es muy probable que conozcan personas que caminan arrastrando el ánimo como un anciano arrastra los pies al andar, abatidas, tristes, sin ilusión vital. Y hasta es normal que nosotros, tú lector y yo escritor, hayamos pasado por estados de ánimo semejantes o estemos oscilando de uno a otro hasta que uno se va convirtiendo en dominante.
En el orden psíquico y en el nivel espiritual ocurre como en el tiempo climatológico, hay estaciones de invierno, periodos en los que parece que la vida está aletargada o muerta, se caen las ilusiones como las hojas, no hay verdor sino ramas secas, al menos en apariencia.
Pero también hay épocas primaverales en las que estalla la vitalidad, la alegría y la frescura; desde lo más hondo de las raíces de la persona sube una vida renovada, una fuerza y ánimo reconfortantes.
He descrito estos estados interiores en su estado puro y en sus rasgos contrastantes. Normalmente se presentan de una forma más matizada y mezclada. De ordinario predomina en nosotros un tono vital más equilibrado, aunque poco a poco un estado u otro se va convirtiendo como en la rama guía del proceso, integrando en esa dirección los diversos y mudables estados anímicos y espirituales. Con todo no debemos extrañarnos que haya situaciones internas o externas que exacerben esos estados de ánimo contrapuestos.
Describir nuestro clima interior es bueno y saludable pero insuficiente. Hemos de dar un paso más. Es el paso hacia una voluntad (conciencia y decisión) que se eleva sobre esos estados de ánimo e iluminada por un claro y sincero discernimiento de lo que nos sucede por dentro, actúa de una manera favorable a la vida, a los que nos renueva, motiva, da sentido y esperanza.
Lo verdaderamente importante es cómo vamos educando la voluntad y los sentimientos de manera que seamos dueños de nuestras emociones y alcancemos un estado anímico y espiritual hecho de serenidad básica, de conocimiento lúcido y realista de nosotros mismos, de talante constructivo y renovador, de confianza en Dios que va realizando su obra en primavera y en invierno, en las duras y en las maduras, en los entusiasmos y en los decaimientos.
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Soy licenciado en Teología por la Universidad Pontíficia de Salamanca. Elaboré la tesis sobre “la individualidad y la trascendencia en Gabriel Marcel”. El 3 febrero de 1995 fui ordenado obispo en San Pedro Sula, Honduras.
Últimos comentarios

me gusta mucho el ultimo parrafo, es como si aplicaramos a la vida la cita biblica que nos dice que en cualquier circunstancia, recurramos a la oración y a la suplica, y que El Señor que es mucho mas grande que todas nuestras preocupaciones, guardará nuestro corazon y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.
me gusta mucho el ultimo parrafo, es como si aplicaramos a la vida, la cita biblica que nos dice que en cualquier circunstancia, recurramos a la oración y a la suplica, y que El Señor que es mucho mas grande que todas nuestras preocupaciones, guardará nuestro corazon y nuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Maravillosas y emocionantes sus palabras. Ahora me toca lo más dificil, entenderlo y llevarlo a la práctica, y cuando se trata de trasladar la animosidad propia, a alguien que está sufriendo mucho, ya eso es más dificil. Del llanto al dolor hay poca distancia, porque lo uno es consecuencia de lo otro. A veces la congoja, se apodera de nuestra alma, y nos creemos que nos hundimos. Tuve mi momento de ahogamiento real, en una ocasión, pero una tabla salvadora, me arrastró a la playa, gracias a Dios. Mi problema es que yo no se cómo lanzar esa tabla que necesita la persona que no puede respirar, y que acabará si Dios no lo remedia, con la familia misma.
Saludos y Gracias, Monseñor.
me gusta el parrafo 3 y 4 creo que todos pasamos momentos de animo y desanimo igual como nos dice en dichos parrafos yo misma lo he vivido , he experimentado tristeza, desilucion,y momentos en que me siento llena que la vida es linda. para eso solo hay un camino que es el que siempre tomo en momentos de desilucion alzar mis ojos a dios y clamar a el que me ayude.y el nos devuelve la energia y ganas de vivir.
muchos saludos y gracias por este mensaje que nos deja mucho que meditar.