En la fiesta de Nuestra Señora de Suyapa, Patrona de Honduras, comparto con ustedes unas reflexiones sobre María como “imagen perfecta” del discípulo misionero de Jesucristo.
En todo nuestro itinerario espiritual hemos de tener como punto de referencia a María. Ella es modelo vivo de nuestra existencia consagrada a la persona y a la obra del Salvador (Vaticano II, “Sobre la Iglesia”, 56). El Concilio se ha complacido en resalta este carácter ejemplar de María, al presentarla como tipo de la Iglesia en el orden de la fe, la caridad y la unión con Cristo (Vaticano II, “Sobre la Iglesia”, 63). Igualmente el documento de Aparecida nos presenta a María como “una imagen perfecta del discípulo misionero” (DA 364). “Hoy, cuando en nuestro continente se requiere enfatizar el discipulado y la misión, es ella quien brilla ante nuestros ojos como imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo” (DA 270).
Contemplar a María como tipo y ejemplar no es copiar un modelo exterior y estático. María proyecta luz, atracción y fuerza. Es una ejemplaridad desde la comunión de vida que ella ha vivido y nosotros queremos vivir.
Su testimonio es experimentado interiormente como dinamismo provocador de sus mismas actitudes. María nos “precede”. Y así nos atrae. Es “palabra de Dios” que contiene el trazado vivo del itinerario y provoca nuestra propia andadura. Es “libro en el cual está escrita nuestra regla” (Santa Catalina). Incluso, los privilegios marianos son casa vez más vistos desde su sentido de signo, tipo de la Iglesia y del creyente. Que esto no son palabras vacías lo confirma el testimonio de tantos cristianos que, mirando a María, sienten que en su interior se hace luz y fuerza para mejor comprender y vivir el seguimiento de Jesús, evangelizador de los pobres.
Desde su condición de signo y “tipo”, María es formadora de discípulos misioneros. No olvidemos que forma más el testimonio que las palabras. Además, el testimonio de María es recibido como tal sólo por iluminación interna del Espíritu. Es, pues, una percepción de fe, que se hace operante, se hace signo eficaz en el crecimiento espiritual. Así, el itinerario de configuración con Cristo lleva el sello mariano las actitudes de María nos configuran con Cristo.
Esta ejemplaridad la vivimos desde dos angulaciones complementarias: María en su plenitud y en su itinerario.
“La Santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo; en ella, la Iglesia admira y ensalza el fruto más esplendido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser” (Vaticano II, la Sagrada Liturgia 103).
María asunta al cielo es el prototipo del termino último en que se pondrá nuestra salvación. Es el testigo que revela cómo culminará el itinerario espiritual iniciado. Es señal y prenda de lo que estamos llamados a ser, “signo de esperanza segura y de consuelo”. Es natural tenerla como punto de referencia, signo profético. Mirándola comprendemos las exigencias y la plenitud de nuestra peregrinación. Ella nos antecede.
El segundo enfoque es verla en su itinerario o peregrinación de la fe. Es una visión dinámica de María que la acerca más a nosotros. Es verla no sólo en su plenitud sino en su caminar.
En Concilio habló así: “También la bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz” (Vaticano II, sobre la Iglesia, 58). Nuestra peregrinación es un proceder recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen María.
En el itinerario de la fe de María tenemos una clave de interpretación para iluminar nuestro personal proceso de fe y vocación, un espejo donde se reflejan las actitudes del discípulo misionero en los diversos momentos del seguimiento hasta la cruz, una dirección a la que orientar el propio itinerario.
Parece como si el Espíritu suscitase en nosotros las actitudes de discípulos misioneros en los variados momentos del proceso de fe, poniéndonos en sintonía interior con la fe de María, como si iluminase nuestra vocación poniéndose a la luz de la vocación de María.
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Soy licenciado en Teología por la Universidad Pontíficia de Salamanca. Elaboré la tesis sobre “la individualidad y la trascendencia en Gabriel Marcel”. El 3 febrero de 1995 fui ordenado obispo en San Pedro Sula, Honduras.
Últimos comentarios

Mientras podamos ser conscientes de MARIA MADRE, de estar permanentemente en nuestro horizonte, como nuestra meta final, nunca estarémos desamparados. ELLA es nuestro refugio y esperanza en este valle de lágrimas. Nuestra cruz será más llevadera con su proximidad.
Gracias monseñor, por recordarnos este regalo gratuito que es la Virgen de Suyapa.
Desde Ferrol, le mando un afectuoso y fraterno saludo, junto con mi felicitación en la Fiesta de Nuestra Señora de Suyapa, aniversario de su ordenación episcopal. Que la Virgen Madre le siga guardando en su Corazón. Un abrazo muy fuerte.