BLOGS + Al Pie de El Merendón División por crecimiento Posteado por Ángel Garachana febrero 14, 2012 a las 3:16pm

El semanario “Fides” ha publicado un suplemento especial sobre la nueva diócesis de La Ceiba y su primer obispo Monseñor Lenihan. En él aparece la entrevista que me hizo su corresponsal en San Pedro Sula, Johanna Kattan. Recojo en el blog las respuestas que tiene un carácter más personal y pastoral.

¿Cuál es su sentimiento, luego de 17 años como pastor en Atlántida y las Islas?
En primer lugar un sentimiento de satisfacción y alegría por haber logrado, con la cooperación de los sacerdotes, religiosas y laicos, un desarrollo de la diócesis de San Pedro Sula capaz de dar origen a una nueva diócesis. La división realizada no deja debilitadas a las dos diócesis que surgen de lo que era una sola. Al contrario, es una división por madurez. Las dos diócesis cuentan con ilusión y espíritu, agentes de pastoral, parroquias, organismos de comunión y de misión como para garantizar su crecimiento, consolidación y dinamismo.

No dejo de sentir la separación: sacerdotes con los que he convivido y trabajado muchos años, religiosas que he acogido y apoyado en la diócesis, agentes laicos que me aprecian, que ya no pertenecen a la diócesis de San Pedro Sula. Pero así es el crecimiento personal e institucional. Los padres se alegran de que los hijos crezcan pero luego sienten la separación cuando vuelan del nido. El adolescente siente dejar la seguridad y protección del niño pero es condición indispensable para hacerse adulto.

Finalmente conservo una serena y confiada esperanza en Dios que ama y cuida a su Iglesia, porque es suya, es “su” Iglesia. Yo no soy el dueño, sólo su servidor, ¡Ojalá humilde y diligente!

¿Cómo ve el crecimiento del catolicismo en esa nueva diócesis?

Sino hubiera habido un crecimiento del catolicismo no habríamos podido erigir una
nueva diócesis. Como he dicho anteriormente, este acontecimiento es signo de madurez. El crecimiento de la vida cristiana se nota por los signos de vitalidad. En la diócesis hay signos claros de ese proceso de maduración de la Iglesia. Señalo algunos.

Frente a un catolicismo pasivo se ha pasado a un catolicismo activo y participativo. Muchos laicos viven la fe de una manera más consciente y se han implicado muy activamente en la vida y misión de la Iglesia. Son centenares los agentes de pastoral.

De un catolicismo poco formado se ha pasado – se está pasando -  a unos católicos más formados en el conocimiento de los contenidos de su fe y de su moral, conocimiento que tiene una incidencia en la vida.

De un catolicismo más privado se ha avanzado a un catolicismo más comunitario y eclesial. Son miles de fieles católicos los que participan en la vida de la comunidad según sus diversos niveles de pertenencia: de base, local, parroquial, diocesano.

De solamente dos parroquias y una cuasi-parroquia que yo recibí se ha pasado a once parroquias atendidas por sacerdotes diocesanos hondureños y por tres congregaciones misioneras: claretianos, viatorianos y fraternidad misionera de María.

Ahora la Diócesis de SPS la conforma el departamento de Cortés, ¿cómo proyecta continuar? ¿Habrá un nuevo plan pastoral?
Seguiremos avanzando por el surco que nos hemos trazado e impulsados por el mismo espíritu de renovación que nos ha animado en estos años. La novedad más importante es la celebración del Sínodo Diocesano, ya anunciado en el Mensaje navideño repartido en toda la diócesis. Teníamos prevista su convocatoria para el día 3, fiesta de Suyapa y 17º aniversario de mi ordenación episcopal, pero a causa de la erección de la nueva diócesis lo haremos el día 26, primer domingo de cuaresma.

El Sínodo tendrá una primera fase de información, motivación, formación y consulta hasta el mes de julio. La segunda fase, a lo largo de la segunda mitad del año 2012, será de estudio, reflexión, oración y diálogo en todas las comunidades, comisiones y parroquias sobre la realidad de la diócesis a partir de oportunos cuestionarios. La tercera  fase, primera mitad del 2013, es propiamente la fase sinodal: todos los elegidos como miembros del Sínodo, representando a toda la diócesis, tratarán las propuestas que lleguen de las comunidades y entregarán al obispo las conclusiones de su dialogo  y discernimiento.