BLOGS + Al Pie de El Merendón Primer Sínodo de la Diócesis de San Pedro Sula Posteado por Ángel Garachana febrero 27, 2012 a las 5:27pm

 

Ayer, 26 de febrero, primer domingo de cuaresma, hice la convocatoria del primer Sínodo de la diócesis de San Pedro Sula. Celebramos la Eucaristía con la catedral abarrotada de fieles de las 32 parroquias de la diócesis, con el corazón lleno de gozo y el espíritu renovado por una fundada esperanza. Estas son las reflexiones de la primera parte de mi mensaje.

Estimados hermanos en Jesucristo:

Los he convocado en este primer domingo de Cuaresma para anunciarles la celebración del primer Sínodo de la diócesis de San Pedro Sula.

Sin duda que muchos de ustedes se estarán preguntando. “¿Y qué es un Sínodo diocesano?”

La palabra Sínodo es una palabra que viene de la lengua griega. En esta lengua “camino” se dice “ódos” y nuestra preposición “con” se dice “sin”. De ahí la palabra “sin-odo”. “camino con”, camino en común, caminar juntos.

La Iglesia, que nació y creció hablando griego, convocó desde el principio asambleas, empezando por la de Jerusalén (Hech. 15,1-30), para dar respuestas nuevas a nuevas situaciones, y nuevos interrogantes. Y llamó a estas asambleas “sínodos”

Los sínodos fueron desde los primeros siglos de la Iglesia uno de los medios por los cuales los obispos “movidos por la comunión de la caridad fraterna y por amor a la misión universal conferida a los apóstoles, unieron sus fuerzas y voluntades para procurar el bien común y el de las iglesias particulares” (Vaticano II, Chistus Dominus (CD, 36) y el mismo Concilio Vaticano II desea que los Sínodos “cobren nuevo vigor para proveer mejor y con más eficacia al incremento de la fe en las diversas Iglesias, según los tiempos lo requieran” (Vaticano II, CD, 36)

Inspirados y motivados por este deseo del Concilio Vaticano II, conservamos la palabra “Sínodo” pero sobre todo queremos recoger y vivir hoy su espíritu. “Sínodo es nombre de Iglesia”, decía  San Juan Crisóstomo  en la segunda mitad de siglo cuarto. Así es. Los sínodos expresaban, una manera de comprender, sentir, vivir y realizar la Iglesia. De la misma manera convocar el primer sínodo de nuestra diócesis sampedrana implica una manera de comprender yo la Iglesia y mi ministerio en ella y para ella. Y una manera de animarlos y motivarlos a ustedes, sacerdotes, consagrados y laicos a que se sientan Iglesia hasta no poder callarlo y cantar jubilosos: “Iglesia soy… y tu también”. Somos Iglesia. Nada de la Iglesia nos es ajeno. Todo en la Iglesia nos afecta: nos alegra o nos duele, nos desconcierta o nos consuela, nos entusiasma o nos pone a prueba, pero no nos deja indiferentes.

Todos somos iglesia, todos somos llamados por Dios Padre a vivir en comunión con Cristo y entre nosotros mismos, animados todos por el único Espíritu. Pero el mismo Espíritu que es lazo de la unidad consumada es el que reparte dones o carismas distintos, no para vanagloria y división, sino para el servicio humilde en bien de todo el Cuerpo de Cristo. Vivir en actitud sinodal es participar dinámica y corresponsablemente en la vida y misión de la Iglesia, es construir y reconstruir cada día la comunión fraterna por la gratuidad y el perdón y extender esa humanidad reconciliada en círculos concéntricos cada vez más amplios: comunidad eclesial, familia, ambientes de trabajo, colonia o aldeas, departamento de Cortés, sociedad en general.

Gracias a Dios ya vivimos en comunión, ya hemos entrado en el dinamismo de la comunión trinitaria: causa, ejemplo y meta de nuestra comunión. Ya estamos siendo signo e instrumento de comunión en la sociedad. Pero aún no hemos alcanzado la meta, ni llegado a la perfección en el amor. Aún somos pueblo que camina, entre consuelos y tribulaciones, en este departamento de Cortés. Aún esperamos que venga el Reino de Dios en plenitud y oramos: “Ven, Señor Jesús”. Aún estamos en “Sínodo”, juntos en camino.

El Sínodo de la diócesis de San Pedro Sula que estoy convocando, es una asamblea de sacerdotes, religiosas y religiosos, y fieles laicos escogidos de esta Iglesia particular que disciernen, bajo la presidencia y animación del obispo, los caminos a recorrer en renovada fidelidad al seguimiento de Jesucristo y a la misión recibida de Él. El Sínodo diocesano expresa de forma privilegiada la comunión de todo el pueblo de Dios reunido en torno a su pastor; manifiesta la corresponsabilidad que anima a todas las personas e instituciones eclesiales y a todos los ministerios y carismas existentes en la diócesis y es instrumento eficaz para renovar la misión y el servicio a favor de los que habitan en el departamento de Cortés, para que todos tengan vida plena en Cristo.