Toda decisión importante, maduramente tomada, tiene sus razones que motivan y orientan. ¿Qué nos ha movido a convocar el primer sínodo de la diócesis de San Pedro Sula? Han sido buenas y varias las razones. En este comentario me ciño a la razón de carácter cronológico.
El día 13 de julio del 2013 se cumplirán 50 años de erección de la diócesis de San Pedro Sula por el Papa Pablo VI. Antes, desde 1916, había sido vicariato apostólico o territorio de misión encomendado a la Provincia de Barcelona de la Congregación de la Misión o misioneros “paulinos”.
Cincuenta años es una fecha simbólica culturalmente, digna de ser celebrada con especial relieve, buena oportunidad para un sínodo diocesano.
Nos proponemos hacer memoria agradecida del camino recorrido en estos 50 años como diócesis misionera, guiada por el Concilio Vaticano II y las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Es bueno, saludable, educativo y renovador recordar- pasar por el corazón – la historia cincuentenaria de nuestra diócesis. Perder la memoria es signo de envejecimiento. La iglesia se mantiene siempre joven por la continua renovación del Espíritu. Por eso no es una comunidad desmemoriada sino una comunidad que hace memoria de las obras salvadoras de Dios en su historia. La Palabra de Dios nos pide frecuentemente que recordemos, hagamos memoria de Dios, de su fidelidad, de su providencia en los avatares de la historia.
Los cinco domingos del tiempo de cuaresma nos invitan a hacer memoria de la historia de salvación en clave de alianza amorosa, gratuita y fiel de parte de Dios con la humanidad y de manera especial con su pueblo elegido. En este primer domingo cuaresmal escuchamos y renovamos, la alianza de Dios con Noé después que cesó el diluvio: “Dios dijo a Noé y a sus hijos: yo hago una alianza con ustedes y sus descendientes…Él diluvio no volverá a destruir la tierra… pondré mi arco en el cielo como señal de alianza… cuando aparezca sobre las nueves el arco yo recordaré mi alianza perpetua con ustedes” (Gen. 9,9-17).
El segundo domingo nos recuerda la alianza con Abrahán y las bendiciones prometidas a él, a sus descendientes y a todos los pueblos por medio de él, porque no se reservó a su propio hijo sino que se fió de Dios y en su voluntad caminó. El tercer domingo nos invita a entrar en la alianza establecida con Moisés y en el cumplimiento del decálogo dado por Dios. En el cuarto domingo aprendemos a reconocer la fidelidad y misericordia de Dios que como en un nuevo éxodo, libera al pueblo pecador del destierro de Babilonia. Y finalmente en el quinto domingo, el Señor promete por medio del profeta Jeremías una alianza nueva, grabado en el corazón. Este camino de alianza culminara en Jesucristo. Su cruz es el arco levantado como recordatorio de la reconciliación, Él es el hijo sacrificado para el perdón de los pecados, en su sangre queda sellada la nueva alianza e interiorizada en nuestros corazones por el Espíritu.
Desde esta clave bíblica y litúrgica nuestros cincuenta años de diócesis forman parte de la historia de la fidelidad y de la compasión de Dios para con nosotros, para los que han vivido en este ciclo temporal y también para nuestra tierra y nuestro mar.
- Milly: Me parece muy bien exelente, una nueva forma de ev...
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Soy licenciado en Teología por la Universidad Pontíficia de Salamanca. Elaboré la tesis sobre “la individualidad y la trascendencia en Gabriel Marcel”. El 3 febrero de 1995 fui ordenado obispo en San Pedro Sula, Honduras.
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Hoy, tuve la dicha de estrechar su mano y senti bien bonito, claro se trata de un verdadero HOMBRE DE DIOS.- FELICIDADES San Pedro Sula,Sampedranos todos.