Estimados hermanos en la fe o en la común dignidad humana: por este medio tengo la oportunidad de dirigirme a ustedes. Los invito, en nombre de la Iglesia, a vivir cristianamente la Semana Santa.
Los seguidores y amigos de Jesucristo, celebramos en la liturgia, meditamos en nuestro corazón y revivimos en nuestras obras los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
El pensamiento, el corazón y la mirada están en las personas a las que amamos. Durante estos días, el pensamiento, el corazón y la mirada de los cristianos están en Jesucristo, de una manera intensa y concentrada. Siguiendo una antiquísima tradición de la Iglesia, nos reunimos en familia, en los templos e incluso en las calles para recordar con fe, sentir con amor y revivir en el espíritu el paso de Jesús de este mundo al Padre.
En el rostro de Jesucristo, muerto y resucitado, maltratado por nuestros pecados y glorificado por el Padre, en ese rostro doliente y glorioso, podemos ver el rostro sufriente de tantos hombres y mujeres de Honduras y al mismo tiempo su vocación a la libertad de hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la fraternidad entre todos.
En el domingo de Ramos salimos a nuestras calles, pavimentadas o polvorientas, para manifestar públicamente que Jesucristo es el Rey del universo y de nuestros corazones, para pedir que venga su Reino de paz, de amor, de justicia y de vida y para rechazar la tiranía de la injusticia, el ídolo de la corrupción, y el demonio del odio y de la violencia asesina.
En el Jueves Santo, los verdaderos amigos del Señor hacemos memoria de su Ultima Cena, obedientes a su mandato: “hagan esto en conmemoración mía”. Nos alimentamos con el Pan de Vida, Cuerpo de Cristo entregado, y renovamos nuestro compromiso de amar y servir como El lo ha hecho.
En el Viernes Santo, las miradas de los seguidores de Jesús se concentran en su cruz, que ha dejado de ser signo de maldición para transformarse en lugar de perdón, reconciliación y vida. En Jesucristo crucificado contemplamos todo el amor de Dios y todo el dolor de las personas. Y esta contemplación nos lleva a ser solidarios con los que sufren y a cuidar, respetar y defender la vida de toda persona.
Pascua de Resurrección. La Semana Santa no termina con el golpe de la piedra cerrando la sepultura de Jesús. En la Vigilia Pascual de la noche del sábado y en el Domingo la Iglesia confiesa, anuncia y celebra la Resurrección de Jesucristo. Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe carecería de sentido. Pero no, Cristo ha resucitado y llena nuestra vida de luz, de sentido y de esperanza.
En nuestro corazón, arraiga firme y serena la convicción de que el mal no tiene la última palabra de la historia y que Dios es capaz de abrir nuevos espacios a una esperanza que no defrauda. “No hay motivo para rendirse al despotismo del mal”, nos ha recordado el Papa en México. Los invito a unirse a las comunidades y grupos de discípulos misioneros que, a lo largo y ancho de la diócesis y de toda Honduras, celebramos con fe, amor y esperanza la Semana Santa, a aprovechar el asueto y el descanso para serenar el animo y meditar en el sentido, valores y motivaciones de nuestra vida y a huir de todo comportamiento que envilezca nuestra dignidad sagrada de hijos de Dios.
Les deseo una Santa Semana y una Feliz Pascua de Resurrección.
- Milly: Me parece muy bien exelente, una nueva forma de ev...
- jese: Muy bien msr. usted sabe lo que tiene y sabe tambi...
- Reyna Fuentes: Buenas Monseñor Angel!! Este artículo es muy pr...
- Juan Carlos Vaquedano Flores: Muy bonito y muy actual, con una gran enseñanza, d...
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Soy licenciado en Teología por la Universidad Pontíficia de Salamanca. Elaboré la tesis sobre “la individualidad y la trascendencia en Gabriel Marcel”. El 3 febrero de 1995 fui ordenado obispo en San Pedro Sula, Honduras.
Últimos comentarios

Saludos estimado Obispo Garachana, me ha gustado mucho el articulo, como ha explicado la razon de la Semana Santa, como es de importante y hermoso conmemorar ese divino hecho, Que Dios Le Bendiga
Muy estimado Monseñor.
para los que trabajamos para el gran proyecto, de extender el Reino de Dios, sus palabras son un incentivo para vivir cada dia de la virtud de la esperanza, y la semana Santa vivida desde la familia, con nuestros hermanos en la fe, unidos a toda nuestra Iglesia, nos hace vivir del amor apasionado de Dios, y de su infinita misericordia.
para nosotros los Hondureños,es tiempo de confiar con esperanza, que a pesar de todo, Jesucristo resucitado llenará nuestros corazones de gozo y de paz.