BLOGS + Al Pie de El Merendón El proceso electoral justo y transparente Posteado por Ángel Garachana noviembre 16, 2012 a las 10:16am

El día 11 de octubre la Conferencia Episcopal de Honduras hizo públicas unas “reflexiones  con motivo del actual proceso electoral”. En mis comentarios del día dos del presente mes colocaba  en este blog una aportación de Pastoral Social/ Caritas de Honduras: “La importancia de saber leer”. Hoy, a tres días de las elecciones internas, ofrezco mi comentario sobre el apartado tercero de la carta pastoral de la Conferencia, que lleva por título: “El proceso electoral justo y transparente que Honduras necesita”. Este apartado corresponde al “juzgar”, el segundo momento del conocido método “ver-juzgar-actuar”. Y nos ofrece, de manera concisa, los valores que deben rodear, como una constelación, a una verdadera democracia hoy en Honduras. La reflexión de la Conferencia Episcopal arranca de la concepción de la democracia como un sistema de valores y nos recuerda los cuatro pilares fundamentales en los que se apoya, según la Doctrina Social de la Iglesia, la vida social: la Justicia, la Verdad, el Amor y la Libertad. “Sobre ellos debe refundarse una nueva Honduras” (n. 13).

A continuación, la carta pastoral coloca la justicia social como uno de los valores que gira en torno a la democracia, de tal manera que sin justicia social no hay democracia real. Por eso, los obispos queremos que “el proceso electoral contribuya a colocar los cimientos de una mayor justicia social en el país a fin de que las condiciones de los excluidos, marginados, ignorados, abandonados a su miseria y dolor se transformen en oportunidades de vida” (n.11)

Una mayor justicia social reducirá la brecha de la inequidad social y arrastrará consigo el valor de un “desarrollo integral” que es “el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas”. Así se va promoviendo el “bien común”, ese conjunto de condiciones de vida favorable para el desarrollo de la vida de todos los hondureños. La reducción de la pobreza debe ser un eje central en todo proyecto humano y en todo plan de país elaborado con estrategias claras y viables y con personas comprometidas en esta tarea” (n. 15).

El desarrollo integral trae la paz, asociada a la justicia social y al progreso espiritual. Por eso, el número 16 de la carta pastoral nos presenta el valor de la paz como constitutivo de la democracia. La democracia y la paz se abrazan. La democracia y la violencia son incompatibles. “En un país ensangrentado y polarizado como el nuestro es urgente educarnos para la paz” y desarrollar un proceso electoral desde el respeto, la tolerancia y el dialogo “venciendo el mal a fuerza de bien” porque “la violencia jamás ha hecho otra cosa que destruir, no edificar”(n. 16).

Los más nobles y hermosos valores pueden deformarse, también la democracia. “Entre las deformaciones del sistema democrático, la corrupción política es una de las más graves porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia social” (Compendio de la DSI, 411). El número 17 de la carta pastoral denuncia la corrupción existente en nuestro país, “corrupción que se ha ido extendiendo a todos los estratos sociales de la población, no sólo por la crisis de valores sino por el pésimo ejemplo de diversas autoridades políticas, civiles, militares, gremiales, etc que, en realidad, deberían ser verdaderos modelos para la ciudadanía”. Y pide un ejercicio integro, responsable y transparente de la gestión pública. La corrupción y la impunidad llevan a la democracia a la sepultura. La integridad, la veracidad y la transparencia la hacen brillar en todo su esplendor.

La corrupción, en su raíz, es una corrupción de la conciencia moral y por tanto de los valores que motivan y orientan el comportamiento humano en sociedad. El numero 18 nos recuerda que una democracia justa, transparente y participativa sólo será posible “si los hondureños y hondureñas asumimos los principios y valores éticos, universales e inmutables. Si nos unimos en el esfuerzo de promover una cultura de la legalidad y de la responsabilidad en el cumplimiento de nuestros deberes y obligaciones”. “La doctrina social individúa unos de los mayores riesgos para las democracias actuales en el relativismo ético, que induce a considerar inexistente un criterio objetivo y universal para establecer el fundamento y la correcta jerarquía de valores (Compendio de la DSI, 407 párrafo segundo).

La reflexión doctrinal de la Conferencia Episcopal de Honduras, encarnada en nuestra realidad, concluye reafirmando lo que es la esencia de la democracia, incluso etimológicamente, gobierno del pueblo y para el pueblo. “El pueblo debe ser el verdadero protagonista de la actividad política y el único beneficiado de la misma… El pueblo ha de velar  “para que la “cosa pública” esté garantizada por sus representantes elegidos democráticamente. Y es el pueblo quien tiene derecho a revocar, por cauces legales, a quienes no lo representan dignamente” (n. 19).

“Con esta carta pastoral expresamos nuestros deseos de que el actual proceso electoral sea una oportunidad de renovar la esperanza en que el futuro de Honduras conduzca hacia la elaboración de un proyecto nacional participativo al servicio de una democracia pluralista, participativa, justa, responsable, respetuosa de la dignidad humana, dialogante, promotora del bien común y defensora de los Derechos Humanos. Que sea este el estilo de vida y cultura democrática de nuestro pueblo” (n. 26).