16 de mayo de 2012

El asesinato de Villatoro

El asesinato de Alfredo Villatoro expone nuevamente el fracaso de las autoridades que no dan protección digna a la población y vuelve a exhibir al país como peligroso para el ejercicio del periodismo.

La impunidad es el principal enemigo de la libertad de prensa, pero también la indolencia del Gobierno y de las autoridades que ni persiguen ni castigan a los perpetradores.

Más de veinte periodistas asesinados en los últimos años y no hay procesos ni investigaciones concluidas. La falta de castigo permite que la violencia siga arrebatándole la vida a muchos y la tranquilidad a miles.

Ayer, en medio del repudio de sus compañeros, alguien dijo que después de la muerte de Villatoro el país no sería el mismo. Y tiene razón. El gremio periodístico no debe ser el mismo, ejercer el periodismo jamás será igual después de la dolorosa noche del 15 de mayo.

Vamos a cuidarnos más, especialmente los reporteros, fotógrafos y camarógrafos que salen a diario a ejercer el oficio en condiciones de alto riesgo para su integridad personal. Debemos tener mayores precauciones quienes tomamos decisiones a diario en los medios de comunicación, todos los que trabajamos en esta profesión vamos a tener más cuidado. Los procesos en las Salas de Redacción tienen que adicionar protocolos precisos y efectivos de seguridad para las coberturas. Eso es lo que debe cambiar para disminuir los riesgos.

Lo que es invariable, lo que no cambia, en lo que no cedemos es en la esencia de nuestro trabajo, porque la democracia no funciona si los ciudadanos no están bien informados.

La Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos es clara cuando reconoce “que la libertad de prensa es esencial para la realización del pleno y efectivo ejercicio de la libertad de expresión e instrumento indispensable para el funcionamiento de la democracia representativa, mediante la cual los ciudadanos ejercen su derecho a recibir, difundir y buscar información”.

El asesinato de un periodista no es más importante que la muerte de cualquier otra persona. Pero los atentados frecuentes y sin esclarecer contra la libertad de prensa sí es un peligro para la sociedad.

Amigo, vamos a extrañarlo en las noticias de la mañana. Ahora le toca descansar.