21 de mayo de 2012

Periodistas

Los periodistas tenemos una  profesión compleja porque trabajamos con ideas y éstas no siempre están claras. Eso hace que el negocio de los medios de comunicación también sea complejo. La toma de decisiones -muchas veces contra reloj por el cierre de edición- la hacemos sobre la valoración de los hechos de quien tomó los datos, de quien editó la noticia y de los jefes.
En las Salas de Redacción también se cuelan presiones de todo tipo, amenazas  y sobre todo la intención de manipular la información, de ahí que la frase “hay que verlo con lupa” seguro la inventó un director de periódico.
Esa  guerra contra los manipuladores normalmente se intensifica en tiempos de elecciones, pero en Honduras es una lucha de todos los días. Y la obligación de quienes estamos en los medios de comunicación es proteger la pureza de la información para mantener la credibilidad, porque un periódico o un noticiero sin credibilidad sencillamente se queda sin lectores o sin audiencia.
También debemos luchar contra la autocensura, muchas veces producto del miedo a investigar hasta las últimas consecuencias, y contra el amarillismo periodístico que ataca el honor o invade la intimidad de los ciudadanos.
¿Cómo ganar esa guerra todos los días? ¿Cómo los periodistas sabemos que vamos por buen camino? ¿Cómo protegemos la pureza de la información? Hay al menos tres pecados a evitar, coinciden varios autores al resumir el decálogo del buen periodista:
-Prohibido mentir. La mentira periodística, que a veces resulta cómoda para nosotros o para nuestros amigos, es el primer pecado más grande contra los principios de esta profesión.
-El segundo pecado es convertirnos en un vertedero de las falsedades de políticos, funcionarios corruptos o empresarios explotadores y alejarnos de la comunidad y de sus problemas.
-Tercer pecado: Adorarse a si mismo, porque “la idealización de uno mismo es el camino más corto hacia la falsedad”.
El periodista debe estar en constante aprendizaje porque su conocimiento evita que lo manipulen; debe conocer y aplicar las reglas de estilo y trabajar con integridad. El buen periodista no comparte su vida con los poderosos, es competente, no actúa como borrego y siempre está en la búsqueda de la calidad periodística.

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