BLOGS + BlogLectores Censura, arma de dictadores Posteado por Ma. Antonia de Fuentes febrero 10, 2013 a las 1:57pm

En Birmania, país en el sudeste asiático que fue gobernado por una dictadura militar desde 1964, están celebrando el fin de la censura a los medios de comunicación en medio de reformas políticas impulsadas por el gobierno del presidente Thein Sein que asumió en marzo de 2011.

La censura a la libertad de prensa impuesta por cerca de medio siglo, obligaba a los diarios y revistas a pasar por un control estatal a través de un departamento de Escrutinio y Registro de la Prensa. Los funcionarios de esta dependencia tenían el poder para cancelar la licencia a la publicación y acusar ante el tribunal al medio o periodista que, en su opinión, transgrediera la ley.

Además de los medios de comunicación, también la dictadura impuso la censura previa a la literatura, la música y las representaciones teatrales, censura que se seguirá aplicando al cine.

En la ciudad de Guangzhou, capital de la provincia de Guandong, al sur de China, recién se registró una protesta por la libertad de expresión.

Un grupo de ciudadanos y periodistas enfrentaron a los censores oficiales porque estos sustituyeron un editorial del periódico Southern Weekly (Nanfang Zhoumo) por un texto donde se alaba al Partido Comunista.

En China el descontento por la censura es cada vez mayor y, aunque el nuevo presidente Xi Jinping –que será nombrado en marzo- prometió reformas, las condiciones se han extremado. Las nuevas reglas, por ejemplo, obligan a los proveedores de Internet a suprimir las páginas que contienen “informaciones ilegales” y a dar parte a las autoridades de todos los casos.

Las medidas fueron anunciadas por la agencia oficial de prensa que señaló que tienen como objetivo “reforzar la protección de la vida privada y salvaguardar el interés público”.

Pero la censura a los medios de comunicación resulta ser un mecanismo empleado por regímenes autoritarios para que no salgan al público los casos de mala administración, abusos y de enriquecimiento ilícito que se propagan como cáncer en países donde se mantiene controlada a la prensa.

En Honduras ya le endulzaron el oído al presidente Porfirio Lobo, al proponerle que ejerza el control sobre los medios creando una especie de tribunal inquisidor que decida qué se puede publicar y qué no, de acuerdo a un catálogo que el mismo ente va a elaborar. De existir ahora mismo ese consejo estatal, seguro no se hubiesen publicado ni los resultados de las últimas encuestas sobre el Gobierno y el rumbo del país, mucho menos otros temas que tienen que ver con negligencia y corrupción.

El Presidente debe entender que coartar la libre expresión, bajo cualquier excusa, perjudica al interés del público que tiene derecho a conocer los hechos y que hacerlo solamente por tener paz para un rato, no es justo para Honduras.

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