19 de octubre de 2014

Impunidad y violencia

La muerte de las fiscales Marlene Banegas y Olga Eufragio, asesinadas la semana pasada en San Pedro Sula, encendió de nuevo la indignación no solo por los viles crímenes, sino por la vergonzosa impunidad en que han quedado miles de muertes.

Desde la creación del Ministerio Público, en 1994, han sido asesinados siete fiscales, de los que solo dos casos han sido judicializados. A la lista de la impunidad se suma el crimen contra Julián Arístides González, el “zar” antidrogas, acribillado el 7 de diciembre de 2009. Dos sicarios abordo de una motocicleta acabaron con su vida cuando se dirigía a su trabajo.

Los abogados reclaman por la muerte de 83 colegas víctimas de criminales desde 2010, mientras los periodistas aguardan por una veintena de muertes sin resolución.

La impunidad engendra violencia, porque son acciones que no tienen consecuencias. La intimidación, las amenazas, los ataques y asesinatos no son castigados.

¿Por qué persiste la impunidad? Hemos oído miles de veces que las investigaciones deben ir bien documentadas y sustentadas al momento de ser sometidas al Poder Judicial, que la escena del crimen debe ser cuidada porque es esencial para encontrar a los responsables y que hace falta invertir en investigación que es una de las ramas más débiles entre los operadores de justicia.

Claro que nada de esto tiene alguna razón si no se va a la raíz del asunto, y ésta está en la corrupción que persiste al interior de la policía, fiscalía y los jueces.

La Policía, el Ministerio Público y el Poder Judicial están obligados a iniciar el combate contra la impunidad comenzando por mostrar la voluntad de hacerlo unidos y con una mejor coordinación. Solo así comenzaremos a detener la ola de violencia.