11 de marzo de 2013

En memoria de Sandra.

El pasado 24 de febrero nuestra familiar Sandra Laverde Villarroel abandonó el cuerpo físico y su alma partió al encuentro de su trascendencia, por ello hoy escribo en su memoria.

A Sandra la conocimos como un ser especial cuyas principales cualidades fueron la felicidad y el amor, siempre alegre, siempre juvenil, siempre animada y entusiasmada y siempre interesada en compartir con los niños, esa fue su misión en la vida.

Primero dedicó mucho tiempo a sus sobrinos, Sandra fue quien les llevó a todas las películas infantiles y las disfrutó como ellos las disfrutaban porque su espíritu siempre fue alegre y divertido; luego se hizo profesional como maestra de pre-escolar y el resto de su vida estuvo llena de niños, por ellos cantó, bailó, se disfrazó, jugo, se trasnochó, a la vez que les enseñó las primeras letras y habilidades.

Hace dos años y medio le diagnosticaron cáncer y todo este tiempo lucho por la vida con ánimo; entendiendo que dar amor y felicidad es recibir amor y felicidad, cada vez que pudo salió de las quimioterapias para el jardín de preescolar en el que trabajaba al encuentro feliz y amoroso de sus niños.

En este año, después de muchas batallas, el cáncer le ganó, se llegó el tiempo en el que el proceso fue doloroso, en el que perdió el control de la situación y tuvo que resignarse a depender de los demás y a separarse de sus seres queridos, y así también llegó la aceptación de la inminente partida en la comprensión de que soltarse del sufrimiento es la necesidad de quien muere de cáncer.

Sandra siempre contó con el amor, el compromiso de cuidado y apoyo de su familia, y la situación reforzó la solidez de la unidad familiar, de muchas maneras cada uno hizo algo por ella y lo hizo desde el amor y el agradecimiento, fue el tiempo del amor puro que visibiliza la belleza del ser espiritual de cada uno, el tiempo del amor puro que comprende que la liberación del sufrimiento es mucho más importante que el apego de la familia y al aceptar la muerte la familia la dejó partir serena y pacíficamente.

También contó con el amor de los amigos y de las compañeras de trabajo y con un inmenso cariño y agradecimiento de las madres de tantos pequeñines que pasaron por las aulas en las que trabajó y quienes siempre manifestaron sus buenos deseos de una u otra manera.

En la etapa final el cuidado paliativo fue de gran ayuda, médicos y enfermeras actuaron desde el amor brindando cuidado, comodidad, apoyo y alivio con suavidad, en manifestación de su calidez humana y sensibilidad, fue el tiempo de conocer a unas personas que han despertado su compasión y que cuando sirven a los demás obtienen la satisfacción de estar siendo inmensamente útiles a la humanidad.

En el proceso de la enfermedad vimos como el ser espiritual se va desinteresando de lo material, se cambian los valores, la enfermedad se convierte en un camino de purificación y de crecimiento del alma que vive esta experiencia terrenal. También es el tiempo de regresar al silencio, el ser espiritual viene del silencio y vuelve al silencio porque lo que hemos sido volveremos a ser.

Hoy le decimos a Sandra “Hasta luego y hasta siempre” y le agradecemos de corazón la hermosa herencia de amor, alegría y felicidad que nos dejó. Continúe su camino en paz, amor y felicidad.