22 de junio de 2013

Ángeles de paz

Hace una semana tuve oportunidad de participar de una reunión de jóvenes hondureños cuyas acciones son ejemplo para toda la sociedad y hoy quiero presentarlos a mis amigos y queridos lectores.

Unos están reunidos en el grupo A+SPS, Actitud Positiva Sampedrana: Angie, Gabriel, Johnny, Isis, Luis, Gabriel, Edoardo, Gerson, Ivonne, Melvin, Julen, Ángela, Connie y otros más, quienes actúan en pro de una actitud ciudadana positiva, fraterna, acogedora, alegre y de respeto mutuo entre los ciudadanos de San Pedro Sula y su ambiente construido y natural a fin de promover una convivencia armónica y pacífica.

Por su parte Leonardo Rivera, en Tegucigalpa, gesta y sostiene proyectos de desarrollo comunitario para grupos sociales desatendidos tanto por el sistema de gobierno como por la sociedad en general y así entrega conocimiento que le permite a la comunidad generar los recursos necesarios para una sobrevivencia digna.

Xavier Rubio, en Tegucigalpa, pretende restaurar la ciudad capital de Honduras mediante el lavado profundo de las fachadas y el interior de edificios del patrimonio de la ciudad de modo que la comunidad retorne a ocuparse de ellos, a vivirlos y a disfrutarlos.

Esaid Maldonado, con sus héroes del ambiente, promueve el reciclaje de basuras en la ciudad El Progreso, siembra árboles, y gestiona la capacitación de quienes se vinculan a su proyecto de manera que puedan hacerse a una técnica que les permita ofrecer un servicio calificado y vivir dignamente de ello.

Sofía Calderón, trabaja por una ciudad verde, y Carolina Rosales promueve la arquitectura para la vida, ambas en Tegucigalpa, y ambas en beneficio de los menos favorecidos en la capital hondureña.

Todos estos ángeles de paz ahora se están uniendo en la red de emprendimiento social Actúa X Honduras, para la que van mis felicitaciones y mis mejores deseos por su éxito que indudablemente significará una gran mejora social en el país.

Pude ver que cada uno de ellos tiene un sueño: visualiza la solución de algún problema social, por ello trabaja incansablemente y con mucho entusiasmo; camina hacia el objetivo con determinación, con valentía supera los obstáculos, y con mucha paciencia y tolerancia espera cuando las cosas no resultan como se esperaban; con mucha fe en sí mismos, en Dios y en los demás; con humildad, sin esperar reconocimientos por sus buenas acciones; con verdad y honestidad, ajenos a la corrupción del medio; con mucho esfuerzo y disciplina para capacitarse a altos niveles y poner el conocimiento al servicio de los menos favorecidos en la sociedad; con amor, bondad y generosidad hacia sus semejantes, apreciando el valor de cada persona y promoviendo la cooperación en la comunidad.

Todos estos jóvenes, valiosos hondureños, tienen conciencia de que los valores espirituales son una expresión de lo que somos naturalmente, los reconocen en sí mismos y los expresan en sus relaciones y en sus acciones en beneficio de la sociedad, así interactúan con los aspectos positivos de los demás creando armonía y viviendo la felicidad de una vida con propósito y significado.

Indudablemente el llamado de este tiempo es a asumir la responsabilidad de la sociedad entre todos los ciudadanos de un lugar, nacidos en él o inmigrantes residentes en él, asumir la responsabilidad social en lo individual no da espera, y menos Latinoamérica.

Lo anterior me recuerda de una maravillosa maestra, Didi Santosh, quien afirma que ser patriota es ser verdaderos en el lugar que nos acoge en un momento determinado, es ser honestos, decir y hacer lo que pensamos desde el bien, ser transparentes, actuar con buena voluntad y valorar con respeto la esencia benevolente de cada persona, sin distingos de ninguna clase, es trascender una vida sencilla de comer, dormir y trabajar solamente por el propio sustento y elevar la vida con acciones que cumplan grandes propósitos y que manifiesten la responsabilidad social de cada uno como individuo.

Cuando damos lo mejor de nosotros entregándonos libremente y de corazón a realizar actividades en pro de los demás, sin esperar retribución a cambio, elevamos nuestra conciencia, fortalecemos los propios valores, enseñamos valores a otros y sentimos la felicidad de haber utilizado nuestro tiempo, talentos y recursos para crear resultados positivos que conlleven la solución de alguno de los muchos problemas que vive la mayoría de los compatriotas.

En fin que la responsabilidad por el país y por el mundo es cosa de todos y la persona verdaderamente responsable, como los ángeles de paz que les presenté hoy, responde a la llamada de la obligación sin esperar a que otro se le adelante en la realización de la tarea.