4 de abril de 2014

Frente a la enfermedad

Hola mis queridos amigos, hace días que quería escribir pero a veces la vida nos modifica las prioridades y he tenido que hacer una parada para atender mi cuerpo porque se me presentó un “Herpes Zoster”, en Colombia le diríamos coloquialmente “Culebrilla”, en España “Fuego de San Antonio”, es un ataque del virus de la varicela que se manifiesta en la piel y que genera la pérdida de melanina del nervio correspondiente por lo que es tremendamente doloroso y eleva la sensibilidad de modo que no se aguanta ni la ropa.

El tiempo de la enfermedad fue el tiempo de comprobar algunas enseñanzas de mis maestros de la Universidad Espiritual Brahma Kumaris y de vivir en carne propia la eficacia del aprendizaje.

La enfermedad obliga al reposo, a la soledad y al silencio. En el reposo y la soledad el alma concentra la energía para dar la batalla a la enfermedad y recupera la energía para seguir el camino de la vida.

El silencio del cuerpo es una cosa, no sirve de nada llorar, ni gritar, ni quejarse; pero más importante es el silencio de la mente, disminuir la velocidad de los pensamientos y pensar positivamente, la enfermedad es una oportunidad para que la mente aprenda a permanecer en paz y silencio independiente del estado del vehículo físico.

Una ayuda esencial es no preguntarse ¿por qué a mí? Comprendiendo que llega lo que debe llegar y cuando debe llegar, la actitud espiritual hacia una enfermedad es verla como el resultado de las propias acciones del pasado inmediato o lejano, es un modo de purificación del alma que salda cuentas a través de la enfermedad.

Aunque al principio toda la atención se centra en la enfermedad, es necesario cuidar que no inmovilice toda nuestra fuerza psíquica, el no concentrarse en el dolor y concentrarse en Dios y en su amor hace que el dolor disminuya. Cuando la mente se mantiene libre de tensiones y de preocupaciones el sueño viene de forma natural y aún las noches de insomnio por el dolor son noches pacíficas y calmadas. Además el dolor enseña acerca de la propia capacidad para resistirlo, enfrentarlo y superarlo porque sólo los desafíos nos hacen más fuertes y capaces.

Enfermedad es el tiempo de ver la protección de Dios manifiesta en un buen médico muy conocedor del tratamiento más efectivo, unas medicinas que cumplen su cometido, unos queridos parientes que te cuidan y además cuidan de las responsabilidades a tu cargo, unos queridos amigos que con sus buenos deseos y sus pensamientos positivos energizan de la mejor manera tu atmósfera para la recuperación.

Frente a la enfermedad no ayuda el lugar común de muchos amigos de preocuparse, o decir “pobrecita”, o centrar sus pensamientos en las dificultades de la enfermedad, o en las pocas capacidades que crean que tenemos para enfrentar el asunto, esto le da energía a la enfermedad y no al enfermo, por ello la soledad y el aislamiento ayudan mucho en el ambiente de sanación.

Al final la convicción de que el cuerpo sale fortalecido de cada enfermedad a la vez que el alma se despeja y se purifica. Hoy siento que pasé la prueba con honor al aplicar el conocimiento espiritual adquirido y convertirlo en una valiosa experiencia de aprendizaje.