10 de junio de 2014

Paz y amor para Colombia

En estos días de intensa actividad política en mi natal Colombia he podido observar en las redes sociales la virulencia de las campañas encarnada en los extremos de apego a unas ideas y a quienes las representan y en la descalificación fuerte e irrespetuosa a otras ideas y sus representantes.

En el grupo de mis amados amigos algunos se manifiestan por las ideas de derecha, otros por las de izquierda y otros apoyan la abstención, pero muchos con tal apasionamiento que ya no están dejando cabida al diálogo, el compartir de ideas y el construir entre todos el proyecto de nación.

Lo que llama la atención es que en la fuerza para defender unas ideas quieren desaparecer a quien no piensa como ellos y no ahorran epítetos destructivos o memes a cual más irrespetuosos por quienes están en la palestra política.

Ahora que la contienda está llegando a la etapa final, y cuando el debate se está centrando en la construcción de la paz para el país que lleva 60 años en guerra, me permito llamar a todos mis amados amigos y hermanos colombianos a la reflexión sobre el pensamiento, la actitud y el sentimiento que, desde el corazón, cada quien aporta verdaderamente a la paz del país.

La paz de cualquier comunidad depende de lo que está en el corazón de cada uno de sus miembros, de lo que cada quien piensa, de su actitud y de su sentimiento hacia sí mismos y hacia los demás y de las acciones que realizan todos y cada uno de los miembros del colectivo.

Con el odio y la ira a la que ha llegado la política colombiana, ninguno de los dos candidatos que salga elegido podrá construir la paz de país pues, por ley espiritual, quien siembra vientos recoge tempestades y muchos vientos se han sembrado durante esta campaña política.

La paz del país inicia con el pensamiento positivo, abierto y generoso de cada colombiano, pasa por la actitud fraterna de todos hacia todos, se deja ver en la mirada cariñosa de todos los connacionales hacia los demás y hacia el mundo, se manifiesta en la sonrisa que abre el corazón de unos hacia los otros y se concreta en las acciones positivas y valiosas que todos y cada uno hagamos por el bienestar de todos como familia nacional y universal.

La paz del país necesita un corazón generoso donde cada uno comparta su paz y su amor de forma incondicional en el entendido que amar es comprender y aceptar al otro y dejarle compartir la plenitud del potencial de su ser y que dar amor generosa e incondicionalmente retribuye de la misma manera, es entender que el secreto de la prosperidad es la generosidad del espíritu y del corazón que toca el corazón del otro.

También es necesario tener una visión ilimitada que aprenda de la historia nacional, tanto de sus logros como de sus errores, que sane el pasado y que mire más allá del tiempo presente en lo personal, situacional y de relaciones entre todos los miembros de la sociedad para gestar las acciones necesarias para cumplir el sueño de todos que es el mismo: un país con cabida para todos con todas nuestras diferencias, donde se respeten y se defiendan los derechos humanos, se preserve el equilibrio ecológico de la naturaleza y los recursos naturales se compartan de manera equitativa. Un país donde todas las personas gocemos de igualdad de oportunidades para desarrollar nuestro potencial y todos tengan un trabajo digno y bien remunerado. Un lugar donde la vida familiar sea afectuosa y fundamente la armonía dentro de la gran familia nacional, donde las personas se comuniquen abiertamente y en un espíritu de igualdad y buena voluntad; donde haya justicia social, económica y política y los gobiernos defiendan el bienestar del pueblo; y donde todas las personas cooperen en los esfuerzos por un mundo seguro y pacífico.

En fin que el país y el mundo de hoy necesitan que seamos hombres y mujeres de paz y de amor y que hagamos acciones amorosas que construyan paz en nuestros pequeños mundos. Colombianos que dejando a un lado los egocentrismos pasemos de defender tenaz y procazmente unas ideas a proteger generosamente el colectivo social para así construir la paz nacional y planetaria. La paz de Colombia es responsabilidad de todos.

Hoy más que nunca Colombia necesita gente buena vibra, buena onda, gente que cumpla la visión del ciclista colombiano Nairo Quintana, recientemente galardonado en el giro de Italia, en la que “Colombia es Amor”.