24 de junio de 2011

Luis Suárez y la prensa azteca

México nos ganó bien y punto. No hay objeciones ni reproches. Eso sí: en los 90 minutos el partido fue parejo, ellos tuvieron dos claras y Honduras una, aunque los nuestros cerraron presionando el arco de Talavera y siendo los dueños del balón.

Entonces, por qué el menosprecio, la burla y la ironía de algunos periodistas mexicanos. México tiene una gran selección y ha demostrado a lo largo de la historia que tiene supremacía sobre las selecciones centroamericanas. Y aunque en este momento es el segundo de Concacaf, sólo detrás de Estados Unidos, por qué no aceptar que cada vez que viene a San Pedro Sula pierde, por qué no aceptar que es la única selección que les saca ventaja deportiva a sus oponentes al recibirlos a más de 2,200 metros sobre el nivel del mar.

Por qué no aceptar que se desechó el formato de una eliminatoria en una sola sede porque Haití los dejó fuera del Mundial Alemania-74 y Honduras y El Salvador del de España-82.  Sí se justifica que critiquen el bajo nivel de Concacaf, pero deben aceptar que sufren para clasificar.

Hablan de que México debería mudarse a la Conmebol, pero si lo hacen, saben que no clasificarían a los mundiales.  Los jugadores mexicanos, excepto “Chicharito” con una celebración anti fair play porque ningún futbolista hondureño lo acusó de tener miedo, fueron muy respetuosos. Ellos saben que Honduras no es fácil y lo sufrieron. Ese ejemplo deberían seguir sus periodistas.

Aunque una derrota siempre deja un sabor amargo, en el caso de la actuación de su equipo lo tranquilizó.  ¿Pero por qué? Honduras venía de una gira horrorosa por Asia que lo dejó un tanto nervioso; además, llevó al torneo a jugadores que no andaban en su mejor nivel (Noel, Juan Carlos García, Hendry, Emil, Costly) y no pudo echar mano de los legionarios más destacados.

Eso generó un mar de dudas en el colombiano, las cuales disipó en dos juegos de dientes apretados en que salieron a florecer la personalidad y la calidad del jugador catracho.  Es cierto que faltó contundencia y profundidad, pero no fue porque se jugó con un solo hombre en punta, sino porque falta depurar los sistemas de juego y formar las sociedades que permitan poner a los rematadores en posiciones claras de gol.

Si tomamos como referencia lo que hizo Suárez con Ecuador, la Selección será un equipo equilibrado que no sufrirá goleadas y que la mayoría de las veces ganará con lo justo.  Suárez fue tercero en la eliminatoria sudamericana, se impuso de visita a quien le debía ganar y en casa venció a casi todos, incluyendo a los encopetados Brasil y Argentina. O sea, la fórmula un tanto mejorada que nos llevó a Sudáfrica.