BLOGS + Planeta Nelson “Fútbol equilibrado”: qué farsa, qué burla Posteado por Nelson García mayo 7, 2012 a las 10:34am

Dos clásicos, poquísimas emociones, un golito, un muerto y nueve heridos. Ese es el saldo de las semifinales: trágico, doloroso, cruel.

Ojo, la violencia es producto de la sociedad en que vivimos. Así que la vida que se perdió y los heridos no se los carguemos al fútbol.

Aquí, 18 personas son asesinadas cada día; esta realidad, por más que la maquillemos, la tenemos ahí y duele, lastima, desangra.

Lo que sí es del fútbol es la pobreza con que se jugó. Obviamente, hay culpables. El primero de ellos es Pepe Treviño.

Un técnico tacaño, aburrido, insulso y predecible.

Un amigo que lo conoce bien me dijo: “No espere mucho de Pepe: juega al cero, al error del contrario”.

No es posible que el entrenador de Motagua no actúe con sentido común y no junte a Amado con Rambo, con Melvin Valladares y con el Chino Discua y juegue con dos hombres en punta.

Si Treviño actúa con sensatez, con sentido común, el fútbol de Motagua tendría mayor fluidez, más posesión de pelota, atacaría más y, obviamente, la gente volvería a los estadios.

Tiene razón Primi, de lejos el mejor entrenador de Honduras, cuando le pide a Motagua que ataque, que juegue abierto, que ya deje de colgar el bus bajo el arco.

Ramón así siente el fútbol y le da pesar que la gente se vaya a aburrir a los estadios, así que su valiente posición se agradece.

Y Maradiaga actúa tal como habla. Por actitud, por propuesta, por volumen de juego y por aporte al espectáculo, Marathón fue el mejor de los cuatro. El que más atacó, el que más buscó el arco.

El caso del Real España no lo entiendo. Arrancó el proceso de depuración de la plantilla hace dos años y ganó un título. De ahí, el equipo vino a menos. No juega mal, pero está lejos de ser el España soñado por Zanabria, por la directiva y por su gente.

Al que sí sé lo que le pasa es al Olimpia. He escuchado a varios directivos albos quejarse de la poca gente que va a apoyar al equipo y buscan culpables afuera, cuando los verdaderos responsables están adentro. El actual es Danilo Tosello, pero esta historia comenzó en la década anterior  y se agudizó hace unos tres años.

El alejamiento paulatino  de los aficionados hondureños de los estadios coincide con la decadencia del fútbol-show de Olimpia. ¿Por qué? Porque al gran Olimpia todo el mundo le quería ganar y porque el Viejo León tenía un compromiso con su afición: triunfar y, principalmente, dar espectáculo, fuera donde fuera. Iba a Costa Rica y goleaba al Saprissa, iba a México y le pasaba por arriba a Cruz Azul, jugaba de local contra Alajuela y lo aplastaba, se medía en cancha neutral con Toluca y Pachuca y los vapuleaba.

Lamentablemente, un día, a mediados de los años 2000, cambió la misión y el club se conformó con ganar y todo se vino abajo.

Por eso, el jueves cuando Tosello celebraba el gol de Boniek, me dio pesar que él, a lo mejor sin saber, no sabe cuánta gente ha espantado de los estadios con su fútbol especulativo.

Los gurús de las tertulias dirán: “Lo de Motagua y Olimpia es fútbol equilibrado; Treviño y Tosello son grandes estrategas, paran bien a sus equipos”. A lo mejor, los técnicos dirán: “El que quiera espectáculo que vaya al circo”.

Mientras tanto, me acordaré del Olimpia de hace unos meses, el mejor que he visto en los últimos años: fue hace poco en la despedida de Wilmer Velásquez.

Chelato, el maestro en el arte de jugar bien, y técnico por 15 minutos del Blanco, coincidió con Alex Pineda Chacón, Arnold Cruz, Nerlin Membreño, el Flaco Pineda y Tosello y se armó una tocazón como hace años no se miraba. El  olimpismo irradiaba alegría, era el reencuentro del fútbol de calidad con la historia del club. Lástima que duró tan poco.

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